Noticias para adelgazar: el IMC y la gravedad de la obesidad, la OMS y los niños, y la naturaleza al comer

Hoy toca hablar de tres noticias que, miradas juntas, dicen algo parecido: adelgazar no se resuelve con un número en la báscula ni con una fórmula milagrosa. Un estudio publicado en JAMA Network Open cuestiona que el índice de masa corporal (IMC) mida lo grave que es una obesidad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de publicar su primera guía internacional sobre obesidad infantil y una investigación británica relaciona pasar tiempo en la naturaleza con comer de forma más intuitiva. Las repasamos con calma y, sobre todo, con sus limitaciones.

Tiempo de lectura: 6 minutos.

El IMC no explica la gravedad de la obesidad

Un trabajo en el que participó el Hospital del Mar de Barcelona, publicado en JAMA Network Open, analizó a 2.316 personas operadas de cirugía bariátrica en cuatro centros entre 2014 y 2015. Los investigadores aplicaron la nueva definición clínica de obesidad propuesta por una comisión de The Lancet Diabetes & Endocrinology, que no se fija solo en el peso o el IMC, sino en si el exceso de grasa ya está dañando la salud.

El resultado es llamativo: alrededor del 74 % tenía obesidad clínica y uno de cada cuatro, obesidad preclínica. Dentro de cada centro, ambos grupos tenían un IMC medio muy parecido, pese a cargas de enfermedad muy distintas. Quienes tenían obesidad clínica sufrían con más frecuencia hipertensión, limitaciones funcionales y musculoesqueléticas y apnea del sueño, tenían más riesgo cardiovascular y de mortalidad a largo plazo y, además, perdían menos peso tras la operación. Según informó Infosalus (Europa Press), el cirujano Simone Cremona, del Hospital del Mar, habló del «potencial valor» de esta definición como marcador clínico.

Nuestra lectura: el IMC sigue siendo útil como primer filtro, pero dos personas con el mismo número pueden estar en situaciones de salud muy diferentes. Si te quedas con una idea, que sea esta: la tensión, el azúcar en sangre, el descanso y la movilidad cuentan tanto como los kilos. Y la decisión sobre cirugía o tratamiento la toma tu equipo médico, no una calculadora.

La OMS y la obesidad infantil: sin fármacos ni cirugía en menores de 10 años

La OMS publicó el pasado 7 de octubre sus primeras directrices internacionales sobre obesidad en niños y adolescentes. Para menores de 10 años, según recogió Infosalus, hace una «fuerte recomendación» en contra de los fármacos agonistas del receptor GLP-1, la cirugía bariátrica y los dispositivos para perder peso. Entre los 10 y los 19 años, los medicamentos aprobados solo se plantearían si fracasa un programa multimodal supervisado de estilo de vida, y la cirugía únicamente en obesidad grave y con condiciones estrictas.

Los datos de fondo ayudan a entender la urgencia: en 2024 había 170 millones de niños y adolescentes de 5 a 19 años con obesidad, y la prevalencia se ha multiplicado por cuatro desde 1990, del 2 % al 8 % aproximadamente. La OMS justifica la cautela por la falta de evidencia sobre eficacia y seguridad a largo plazo, por no saber cuándo habría que parar el tratamiento y por las dudas sobre la adherencia. Para los más pequeños, el foco está en intervenciones estructurales (entornos, escuela, familia) y, para los mayores, en alimentación estructurada, actividad física y cambio de conducta.

Cuenco de pistachos junto a una taza de infusión
Una merienda sencilla: frutos secos con moderación y una infusión.

La naturaleza y la alimentación intuitiva

Investigadores de la Anglia Ruskin University (Reino Unido) publicaron en la revista Body Image un estudio con 500 adultos que midió cuánto contacto tenían con la naturaleza y cómo era su relación con la comida. Encontraron una relación positiva directa con la alimentación intuitiva, es decir, comer atendiendo al hambre y la saciedad en lugar de reglas rígidas, y dos caminos indirectos que parecen pesar más: sentirse más a gusto con el propio cuerpo y tener más autocompasión, lo que reduciría el comer impulsivo ante las emociones difíciles. Lo recogió Infosalus, con el profesor Viren Swami como autor principal.

Aquí conviene frenar el entusiasmo: son cuestionarios que rellenan los propios participantes y un estudio de asociación, así que no demuestra que pasear por el campo cambie lo que comes. Aun así, es una excusa más que razonable para salir a caminar al aire libre, que de por sí tiene beneficios sobradamente conocidos.

Dieta mediterránea en el embarazo y bebés

Un equipo de Harvard T.H. Chan, el Boston Children’s Hospital y Harvard Pilgrim, con datos de más de 1.300 embarazadas de la cohorte Project Viva, publicó en JAMA Network Open que una dieta mediterránea durante el embarazo se asocia con menos riesgo de cólicos y eccema en el bebé. Cada punto más en el índice de dieta mediterránea se vinculó con un 15 % menos de riesgo de cólico y eccema juntos, y cada ración semanal de pescado, con un 25 % menos de probabilidad. Una dieta más inflamatoria (carne roja y procesada, bebidas azucaradas, refinados) se asoció a más riesgo. Es un estudio observacional: muestra asociaciones, no causas (Infosalus). Si estás embarazada, cualquier cambio de dieta, consúltalo con tu matrona o tu médico.

Pistachos y sueño: más hipótesis que pruebas

Una revisión narrativa en Nutrition Research Reviews, liderada por Marie-Pierre St-Onge (Universidad de Columbia), plantea que los pistachos podrían ayudar a dormir mejor porque reúnen triptófano, vitamina B6, magnesio y fitomelatonina. Una ración de 28 g aporta unos 71 mg de triptófano, cerca del 20 % de lo recomendado para un adulto de 70 kg. Pero la propia revisión reconoce que la evidencia es sobre todo teórica y de laboratorio, que faltan ensayos aleatorizados y que fue financiada en parte por un grupo de productores de pistachos (Infosalus). Un puñado de frutos secos al natural es buena merienda; no esperes que sea una pastilla para dormir.

Vídeo: «¿Cómo mantener la motivación de la dieta para perder peso?», de PortalCLÍNIC (Hospital Clínic de Barcelona). Licencia Creative Commons.

Conclusión

Las tres noticias principales de hoy apuntan en la misma dirección: el peso es solo una parte de la historia. La salud metabólica importa más que el IMC, a los niños no se les trata como a un adulto en miniatura, y la relación con la comida mejora cuando hay menos culpa y más calma. Para tu día a día, no cambies de dieta por un titular: elige una o dos mejoras pequeñas y sostenibles, como más fruta, verdura y legumbres, y un paseo diario, y revisa tus datos de salud con tu médico.

Camino de bosque en otoño
Un paseo por el bosque en otoño: gratis y sin contar calorías.

Preguntas frecuentes

¿Hay que dejar de usar el IMC?

No. Sigue siendo una herramienta rápida de cribado, pero el estudio del Hospital del Mar recuerda que no basta para valorar cuánto afecta la obesidad a la salud. Tu médico combinará el IMC con otros datos.

¿Por qué la OMS desaconseja los fármacos GLP-1 en menores de 10 años?

Porque no hay evidencia suficiente de su eficacia y seguridad a largo plazo, no se sabe cuándo habría que suspenderlos y preocupa la adherencia. Para esa edad recomienda intervenciones sobre el entorno y los hábitos.

¿Salir a la naturaleza me hará adelgazar?

No hay pruebas de eso. El estudio solo asocia el contacto con la naturaleza con una alimentación más intuitiva; es una pista interesante, no un método de adelgazamiento.

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Aviso sanitario: Este contenido es informativo y no sustituye el consejo de un profesional sanitario. Consulta a tu médico o dietista-nutricionista antes de iniciar cualquier dieta o programa de ejercicio.

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