Cómo crear una disciplina de entrenamiento

Lo más difícil de entrenar o llevar una rutina de ejercicio no es comenzar, sino mantenerse, ¿a poco no? Por eso, quiero compartirte estos tips que te […]

Lo más difícil de entrenar o llevar una rutina de ejercicio no es comenzar, sino mantenerse, ¿a poco no? Por eso, quiero compartirte estos tips que te ayudarán a tener disciplina en el ejercicio. ¡A mí me han funcionado!

Ir los primeros días al gym o salir a correr es divertido, pero conforme pasa el tiempo, vas perdiendo motivación y empuje. Te da flojera, decides postergar tu sesión para el día siguiente, te pones mil pretextos y al final, abandonas. Es muy común, no eres la única a la que le pasa. Y aunque puede deberse a muchas razones, algunas tan sencillas como que odias y detestas ese ejercicio (por favor, busca algo que disfrutes realmente), la más importante es que te falta disciplina en esa área. Porque, ojo, a lo mejor eres muy disciplinada en tu trabajo o en alzar la casa, pero no en lo que respecta ala  actividad física.

Yo te voy a compartir lo que a mí me funciona para tener disciplina en el ejercicio, específicamente, en mi práctica de yoga. Pero antes, veamos… ¿qué es exactamente la disciplina? Es la capacidad que tenemos o no para poner en práctica una serie de principios relativos al orden y la constancia. En este sentido, la disciplina supone la capacidad para controlar los impulsos, sobre todo aquellos que nos apartan de los objetivos y más bien nos inclinan al goce de los placeres inmediatos. De ahí que, para ser disciplinada con tu rutina, debes vencer esas “voces internas” que te convencen de saltarte el gimnasio o dejarlo para mañana.

¿Cómo tener disciplina en el ejercicio?

1. Haz un compromiso contigo misma. Define un plan, por escrito. Sé muy específica, indica la cantidad de veces que te comprometes a realizar una rutina o sesión de ejercicio y en qué lapso de tiempo (te recomiendo que sean pocas sesiones en un corto tiempo, para que sea un reto alcanzable). Anota la recompensa que te darás a ti misma de cumplirlo y firma este acuerdo. Pega la hoja en un lugar visible y cada vez que flaquees, piensa en ese compromiso: motívate, rétate. Deja de ver el ejercicio como una obligación y comienza a percibirlo como un reto, una meta que te llevará a lograr un objetivo que te planteaste. Que cada sesión sea un paso más, un logro más. Y cuando cumplas ese compromiso, plantéate otro y otro… ¡Y claro, recompénsate!

2. Piensa en el beneficio o, mejor aún, ¡no pienses nada! No falla que media hora antes de lanzarte al gym o a donde harás ejercicio, tu mente comienza a inundarse, automáticamente, de razones por las que deberías faltar: te duele el cuerpo de la sesión pasada, mañana tienes que levantarte temprano, va a llover, te vas a perder el capítulo de Game of Thrones, no te vas a poder despedir de tu esposo cuando se vaya a trabajar… ¡ya te sabes toda la lista, ja ja! Así que mi consejo es: en vez de enfocarte en mil pretextos, piensa en todo lo bueno: en lo bien que te vas a sentir saliendo de tu clase o acabando la rutina, lo rico que sentirás haberte estirado, lo bien que vas a lucir en poco tiempo de seguir adelante, en que verás a ese entrenador súper guapo, en que podrás comerte un postre al rato sin culpa… Así como hay pretextos para no ir, hay razones para sí entrenar, ¡y muchas! Enfócate en ellas. Y si ves que te cuesta trabajo porque tu mente anda negativa, entonces, ¡deja de pensar y lánzate a hacer ejercicio sin pensarlo! Bien lo dice Nike: Just Do It (sólo hazlo). En mi caso, sé que me voy a sentir tan bien en la noche y al día siguiente tras mi clase de yoga, que con eso basta para vencer la pereza momentánea.

3. Recuerda todo lo que has avanzado en tu práctica. Esto aplica para personas que ya llevan tiempo realizando algún deporte, una disciplina, ejercicio… pero que, como a mí, hay temporadas que nos da una flojera infinita seguir. En esos días, cuando mi motivación falla, hago el intento de recordar cuando empecé en el yoga, cómo no podía hacer casi nada y mi flexibilidad era nula. Lo comparo con el momento actual, me muero de felicidad al notar mi progreso y sólo con eso, me animo a ir de inmediato. ¿Sabes por qué? Porque me doy cuenta de que todo el esfuerzo ha valido la pena y de que mi disciplina me ha llevado a ser mejor, a desarrollar habilidades y capacidades. Y la verdad es que me daría mucha tristeza echar todo a perder por flojera o por un instante de placer. Pon en práctica este pensamiento tú y verás lo bien que te funciona.

4. Busca una intención profunda en tu ejercicio. Esto lo hacemos en yoga siempre, se llama sankalpa, y lo formulamos al principio de la clase como una intención o una razón que le dedicarás a esa práctica, ya sea trabajar algo, soltar o dedicarle tu energía a alguien o a algo. Yo te propongo que hagas lo mismo, pero no precisamente antes de tu rutina, sino que definas tu sankalpa en relación al por qué te estás ejercitando, ¿qué buscas o qué deseas obtener con tus entrenamientos? ¿Quieres adelgazar, estar sana, sentirte bien, divertirte, competir, seguir una moda, trabajar la resistencia o cardio, encontrar novio en el gym? ¿Qué buscas? Sabiendo cómo escoger una meta y lo que conseguirás con ella, le darás un enfoque positivo a tu rutina porque no será solo hacer ejercicio, sino que tendrás una intención mas profunda y valiosa, un por qué de fondo que te motivará a no faltar. Además, te permitirá saber si tu entrenamiento ese útil o no par ese objetivo.

5. Planea y luego, sé flexible, pero no mucho. Una de las razones por las que fallamos más en temas de disciplina es que nos exigimos demasiado, sobre todo al principio, y buscamos no fallar por nada del mundo. El problema es que este sentimiento nos lleva a sentir el entrenamiento como una obligación y si nos lo saltamos un día, nos da culpa, nos frustramos y luego lo abandonamos otro día… y así. Por eso mi consejo es que planees tu semana para ver qué días puedes o te gustaría hacer ejercicio. Si en alguno de ellos te sientes mal, te surge otro plan o simplemente decides no ir, elige en ese instante otro momento para ir, y ya, olvídalo. No te culpes ni te la pases pensando “¿por qué no fui? Soy una floja”. No, eso no sirve de nada. Disfruta que no fuiste y ten la disciplina para reponer tu entrenamiento otro día. Eso sí, si sabes que tendrás una semana llena y sólo podrás ir dos días, entonces respeta esas fechas y cumple. Es bueno ser flexible, pero sin pasarse.

Fuente: Mujer de 10

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